Notas

Momentos de reflexión

Dios te da Identidad

Dios formó cada criatura de la tierra con un área especial de habilidades. Algunos animales corren, saltan, nadan, unos viven en cuevas y otros vuelan. Cada uno tiene una función a desarrollar basada en la manera en que fueron creados por Dios, y naturalmente, lo propio ocurre con nosotros, los seres humanos. Cada uno de nosotros fue diseñado de manera única y formado para hacer cosas en particular.

Su palabra dice que somos hechura de sus manos, y tu yo somos una obra de arte hecha por Dios; no fuimos hechos en una línea de producción, ni ensamblados ni producidos en cantidades industriales. Somos un diseño hecho a la medida, una pieza original, única e irrepetible! Dios te hizo y te formó para que le sirvieras de cierta manera especial y perfecta que El desea de ti.

Cuando se piensa en construir un nuevo edificio, todo comienza por diseñarlo, y antes de esto lo primero que se pregunta el arquitecto es: ¿Cuál será su propósito? ¿Cómo será usado? La función intenta siempre determinar la forma del edificio, y por supuesto, antes que Dios te hiciera, decidió qué rol quería que jugaras aquí. Él planeó con exactitud cómo quería que lo sirvieras, y te formó para esa tarea. Eres de la manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio específico.

Dios no sólo te formó antes que nacieras, sino que planeó cada día de tu vida para apoyar tu proceso de formación. David nos dice: “Cada día de mi vida fue grabado en tu libro. Cada momento fue organizado antes de que el día pasara”. Y eso solo nos confirma que nada de lo que pasa en la vida es irrelevante. Dios usa todo eso para formarte para que ministres a otros y te forma para servirlo a Él. Dios no desperdicia nada. Él no te daría habilidades, intereses, talentos, dones, personalidad y experiencias a menos que tenga la intención de usarlos para su gloria. Si identificas y entiendes esos factores puedes descubrir la voluntad de Dios para ti.

Su palabra nos dice en reiteradas ocasiones: “Sirve al Señor con todo tu corazón”. Dios quiere que le sirvas con pasión, no por obligación, dando lo mejor de ti en cada labor, buscando siempre, lo mejor del trigo! y es prácticamente imposible que alguien de lo mejor de sí al hacer tareas que no disfruta. Dios quiere usar tus intereses y habilidades naturales para servir a otros y a Él. Escuchar y descubrir tu motivación interna puede apuntar al ministerio que Dios quiere que tengas. Y en base a eso debemos pensar: Si ya sabemos que fuimos diseñados para servir y agradar a Dios, ¿Dónde están esas habilidades que Dios puso en nosotros para servirle dando lo mejor?. Es preciso saberlo, ya que al saber quién eres… ¡Funcionas como debes!

[David Orellana Gálvez]

Identidad

En la sintonía del Espíritu Santo

sintonía

Atareado, fatigado y confundido. Esa es una descripción para muchas personas de nuestra sociedad, incluyendo, lamentablemente, cristianos. En la medida en que reaccionamos a las demandas externas que enfrentamos cada día, todo lo que tenemos que hacer, es mantener nuestras prioridades, y para ser honestos, con frecuencia elegimos equivocadamente las cosas que ponemos en primer lugar en nuestras vidas. Estamos increíblemente ocupados, y todo parece igualmente urgente; llegan momentos en que no sabemos como comenzar a hacer todo, y al concluir el día, fatigados y exhaustos, apenas tenemos tiempo para prepararnos para el día siguiente… y… ¿dónde quedó Dios?, ¿hablaste con Él?, ¿pediste su opinión?, ¿seguiste su dirección?.

Como cristianos, deseamos presentarnos delante de Jesús algún día y oírle decir: “¡Bien, buen siervo y fiel! …¡Entra en el gozo de tu Señor!” (Mateo 25 . 21). Pero muchos vivimos con una duda secreta y persistente, nos preguntamos si lo que hacemos será de su agrado, no hay certeza sobre nuestras vidas, y debemos saber que hay una mejor manera de vivir, una mejor forma de conectarnos con Dios, y eso es haciendo el compromiso de obedecer y cumplir su propósito en nosotros. Pero, ¿cómo podemos saber cuál es su voluntad?, manteniéndonos en su presencia, estando en sintonía con su Espíritu Santo, y teniendo una relación con Él. Esa es la única forma de oír su voz, y entender el propósito de su corazón.

Cuando respondemos en fe activa, tan pronto como escuchamos su voluntad, todo cambia. Llegamos a estar en sintonía con el corazón de Dios y con una mayor sensibilidad hacia las personas que nos rodean, y nuestra vida cambia de tal forma que obtenemos un asiento en primera fila para contemplar las cosas increíbles y maravillosas que Dios hace en, y por medio de nosotros, porque cuando estamos en comunión con el Padre, y nos disponemos para su propósito, ésto es, estar en sintonía con Él, experimentamos la vida abundante que Cristo promete a aquellos que lo siguen con fidelidad, en espíritu y en verdad.

Cuando aprendemos a aprovechar cada momento, y tenemos la certeza de estar en la sintonía del Espíritu Santo, vivimos con una sensación de asombro permanente. Cada momento, aún el más común, podría ser un “momento de Dios”, y cada encuentro con alguien, incluso si no es de nuestro agrado, podría ser un “encuentro divino”. Nuestra prioridad entonces, pasa de cumplir nuestras egoístas y atoradas agendas, a cumplir la agenda del reino de Dios.

[David Orellana Gálvez]

¡Dios te hizo libre!

Un día Dios compró nuestra libertad, y lo hizo a un precio muy alto, el que ya todos conocemos. Él pagó tu deuda y te hizo libre; libre del castigo, libre de las culpas, de los miedos, del fracaso y de todo lo que pudiera impedir tu desarrollo y tu felicidad. Ser libre, y sentirse libre, es una de las experiencias más gratificantes que el ser humano puede disfrutar, esa libertad para optar por diversos caminos y decidir sobre su vida; una libertad que junto a la dirección de Dios, puede llevarnos a grandes logros y éxitos.

Muchas veces no asumimos esta total libertad; a pesar de ser libres físicamente, no lo somos de forma espiritual; y ésto es por que hay diversas formas en las que podemos estar atados a algo que nos impide avanzar, y que muchas veces nos obliga a mirar atrás: miedos, resentimientos, falta de fe, hábitos ocultos, etc. Todas estas cosas, a pesar de no parecerlo, nos quitan una de las bendiciones más hermosas que Dios nos entregó, LA LIBERTAD, y acabamos siendo como un pajarito parado en la puerta abierta de su jaula, pero que tiene miedo a volar y ser completamente libre. (Salmos 55:6)

Este mundo está tan condicionado a esta realidad, que terminamos adoptándolo como algo normal, y finalmente nos acostumbramos tanto a estos límites y ataduras que nos detienen, que ni siquiera nos damos cuenta que acabamos siendo esclavos por nuestra propia voluntad.

¿Alguna vez te has preguntado si eres realmente libre? Quizá muchas veces has intentado emprender el vuelo, o levantarte y correr por tus sueños y bendiciones, pero algo te impide dar el paso y acabas donde mismo comenzó la intención, pero… ¿sabías que Dios ya pagó el precio de tu perdón y desde ya, olvidó todo pecado por el cual pediste perdón? Su palabra nos dice en 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Ese fue uno de los principales motivos del sacrificio en la cruz… Todas esas ataduras, miedos, frustraciones e inseguridades NO son de Dios, porque Dios te hizo libre, y Él quiere que tú avances y seas feliz. Por lo tanto rechaza de tu vida todo límite, rechaza de tu mente todo pensamiento de mediocridad y conformismo, por que Dios quiere bendecirte con LO MEJOR!! Y parte de esa bendición es tu libertad, la hermosa libertad que Dios te dio para que puedas ser feliz.

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” Nos dice su palabra en 2 Corintios 3:17 y si tú tienes su espíritu en tu vida, entonces ERES LIBRE. Valora lo que Dios hizo por ti, valora tu vida y tu futuro, y sé desde ahora, un libre para vivir tu vida para Dios, una vida llena de esa magnífica e inmensa bendición de Dios.

[David Orellana Gálvez]

libre

No mires atrás

no mires atras

Dios nos dice a través de su palabra, en Lucas 17 . 31 – 32, “…no vuelvas atrás, acordaos de la mujer de Lot”. No mires al pasado, no vuelvas tus ojos a ese lugar de donde te saqué y del cual te liberé.

Todos quienes gozamos del amor y perdón de Dios, tenemos, en mayor o menor grado, un lugar, una situación, un contexto del cual Dios nos libró y nos extrajo para mostrarnos su poder y restaurar nuestras vidas, haciendo de nosotros nuevas criaturas a un alto costo, entregó a su único hijo para pagar precio de vida por cada uno de nosotros. Todo ésto con un único fin, librarnos de las ataduras que nos ataban y no nos permitían avanzar y acercarnos cada día más a Él, a su presencia y gloria.

Cada uno de nosotros es parte activa de su Reino, somos obreros, sembradores de vida y esperanza. En este contexto, Dios nos habla indudablemente claro en Lucas 9 . 62: “…Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” Dios nos enseña a través de esta lectura que si somos sus discípulos, debemos librarnos por completo de toda ligadura con el pasado, toda conexión que nos impide avanzar y prosperar en nuestra relación con Él.

Dios, como todo buen padre, desea y prepara todo detalle para llenar tu vida de bendiciones, y así como lo hizo con la familia de Lot, te limpiará y quitará de tu entorno aquello que dificulte su bendición y cumplimiento de su propósito. Llegado el momento, ¿qué harás tú, mirarás atrás como la mujer de Lot o seguirás al frente cumpliendo el deseo de Dios para tu vida? En este punto debemos ser muy sabios y saber qué camino tomar. Sólo tenemos dos opciones: mirar adelante y avanzar, o mirar atrás y acabar como una inerte estatua de sal.

Colosenses 3:2 nos dice: “poned la mira en las cosas de arriba”. Debemos entonces, mirar a Dios y su propósito, la meta, aquella razón por la cual Jesús entrego su vida para darnos libertad y vida eterna; olvidarnos por completo de todo lo que dejamos atrás, y aquello que Dios quitó de nuestras vidas.

Ya decidiste caminar con Jesús, ya formas parte de su pueblo, no puedes mirar atrás. Acuérdate de la mujer de Lot, ella miró atrás y perdió la bendición. Hoy escoge sólo mirar al Señor. ¡Decídete por Él!

[David Orellana Gálvez]

Dios nos anima a seguir adelante

La palabra nos dice en Filipenses 1:6: “El que comenzó la buena obra, la va a completar”. Dios comenzó algo en tu vida, no lo dudes, ÉL terminará aquello que inició.

Nuestro Dios es un Dios de planes y propósitos, cada uno de nosotros posee uno, algo que nos impulsa a avanzar, a movernos en función del progreso. Dios quiere que superemos las circunstancias que se nos interpongan, aún cuando las grandes puertas se cierran o cuando todo se torna difícil.

Dios dijo a Josué que se levante para pasar el Jordán y tomar posesión de aquella tierra que le había prometido… Sólo debía levantarse, avanzar y hacer real esa promesa, ¡creer!.

¿Qué es lo importante?
La determinación y constancia son primordiales. Debemos continuar a pesar de las adversidades. Dios nos recuerda que tendremos aflicciones, pero debemos confiar, pues ÉL venció al mundo (Juan 16:33).
Nadie dice que será fácil, mucho menos que estaremos exentos de problemas. Es nuestra firmeza la que hará la diferencia.
¿Qué se puede hacer cuando la situación sea muy compleja?, pues, animarnos en las promesas de Dios, donde señala: ¡No te dejaré ni te desampararé!… No tengas miedo. ¡Tenemos al Rey de reyes a nuestro favor!, pero más determinante aún, es nuestra obediencia y la sincronía total con su propósito. Hay caminos que parecen rectos, pero no todos terminan por ser buenos. Hay gente que parece que nos va a hacer bien, que engaña y simula ser una buena alternativa… Recordemos que no todo es como lo que aparenta ser; lo realmente bueno está alineado en el plan y la Palabra del Señor.

Es tiempo de decidir avanzar y no mirar  atrás, de no bajar los brazos a pesar de las circunstancias. Y si una puerta se cierra es porque otra mejor está por abrirse. Dios es quién brinda las mejores oportunidades y también nos aleja de los falsos caminos. Él es quien nos acompañará en cada paso.

¡¡Confiemos en Él, en su poder, y podremos ver su gloria!!, proseguir a la meta, al premio de su llamamiento (Filipenses 3:14).

No permitas que las circunstancias nublen tu visión de la promesa, es hora de confiar en la Palabra de Dios y avanzar en fe.

[David Orellana Gálvez]

avanza

Nuestra dirección y guía

guiar

Siempre ha llamado mi atención la magnitud de la fuerza de un elemento tan pequeño como un timón; inmensas embarcaciones con cargas de miles de toneladas sobre sí, son dominadas y guiadas por ese ínfimo componente, un simple timón.

Muchas veces he escuchado frases como: “nunca eres más alto que cuando estás de rodillas”, o, “tu real fortaleza se ve cuando enfrentas tu peor debilidad”. Creo interesante el resultado al aunar ambas ideas: “tu real fortaleza aparece cuando estás de rodillas”, cuando nos entregamos por completo y nos dirigimos a Dios en oración.

Nuestras vidas, cual embarcación, requieren de este mando, y por ende, alguien que lo comande, ¡y también una carta de navegación!. Si ya sabemos que somos realmente fuertes al estar de rodillas, y que necesitamos un timonero; la pregunta es: ¿a quién quiero entregar esta responsabilidad?, ¿somos verdaderamente capaces de dirigir y responsabilizarnos del barco y su trayecto?

Salmos 32.8 nos dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar”. ¡Dios quiere guiar tu camino!. Nos ha entregado una poderosa carta de navegación, su palabra y oración, y desea ser nuestro capitán. No importa cuántas toneladas acarree nuestro navío, sólo debemos orar a nuestro Padre, para que Él nos de la fortaleza para maniobrar y dirigir nuestra vida.

¿Cuántas veces hemos dicho: “si sólo hubiese sabido”, o “por qué no me dijiste, Dios”?, ¿no habría sido más simple recurrir a nuestra carta de navegación desde el comienzo? Dios nos amó primero, conoce nuestro corazón y nuestros más profundos anhelos, y de la misma forma conoce el camino que debes seguir.

Ven y acércate a quién guía nuestras vidas. Pide su dirección, que Él sea tu timón, y sin duda alguna, verás tu vida envuelta en una inefable bendición.

[David Orellana Gálvez]

El amor de Dios

Nadie en la vida te amará como Dios te ama, porque el amor de Dios es inigualable, incomparable y eterno. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

Existimos porque Dios así quiere que sea; si aún continua latiendo tu corazón es porque aún hay un propósito. Dios tiene planes maravillosos para tu vida!! ¿Entonces? Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará.

Nos sentimos amados, apreciados y estimados por Dios, y así debe ser sabiendo que su amor nos alcanzó, porque fue él el que nos amó primero!! Esta es y seguirá siendo la más grande razón para vivir. Reconocer que solo en Dios existe un real sentido, que su muerte en la Cruz fue porque nos ama, murió por cada uno de nosotros, no importando nuestras faltas y nuestros errores, nos ama porque así le plació al Padre, y además de su muerte, nos da nueva vida en Cristo Jesús.

[David Orellana Gálvez]

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